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Historia Moderna

Desde el año 1492 hasta el año 1789.

La Historia Moderna comienza en la segunda mitad del siglo XV. En el caso de la Península Ibérica, los hechos más destacados que marcan esa transición son el reinado de los Reyes Católicos, el Descubrimiento de América (1492) y la llegada de los portugueses a la India (1498).

El siglo XV fue una etapa de cambios palpables en la sociedad, tanto de Europa como de los distintos reinos peninsulares. Efectivamente, la "apertura" del mar Mediterráneo como consecuencia de las Cruzadas dio lugar al surgimiento de una economía monetaria, que se reforzó con las producciones de oro de las minas de Centroeuropa y el consiguiente uso de monedas en las relaciones feudales en toda Europa (y sobre todo, en el Norte de Italia, en Francia, en los Países Bajos y en el Sur de Alemania). De esta manera, surgieron nuevas formas de transacción y de acumulación monetarias, como la Taula de Cambi, en 1401, de Barcelona.

Con todos estos componentes comenzó a fraguarse la sociedad de mercado, se fue configurando el sistema económico llamado mercantilismo, que consideraba como elemento más importante de la riqueza a la moneda en sí misma. Por consiguiente, se produjo una erosión en las relaciones de tipo feudal, dando paso al ascenso social de la clase urbana: la Burguesía. A partir de estos momentos, la cúspide de la sociedad pasó a estar integrada no sólo por individuos con un origen familiar determinado (linaje o estirpe), sino que también se fue abriendo a nuevas personas por su simple condición económica, por tener gran cantidad de riqueza monetaria.

La necesidad constante de capital fue reuniendo a los grandes mercaderes en compañías privadas. Asimismo, estas sociedades mercantiles estimularon el desarrollo de las comunicaciones, tanto navales como terrestres, y fomentaron la creación de agencias en el extranjero. Este nuevo modelo de empresa, que fue administrada por los procedimientos de balance y contabilidad actuales, funcionaban mediante la adjudicación de créditos. La prohibición eclesiástica de obtener beneficios por medio de los intereses que aportaban los préstamos de capital fue eludida, incluso, por la misma Iglesia, estableciéndose un sistemas de rentas que daba lugar a una acumulación de riquezas. De igual modo, los diversos reyes europeos, mediante el procedimiento de las rentas, comenzaron a alquilar los derechos de aduana, los de acuñación de moneda, los de mercado, los de las explotaciones mineras y los del propio suelo. En este orden de cosas, la carta de pago, antecedente de la letra de cambio, comenzó a ser usada en las transacciones comerciales entre los grandes comerciantes, la Iglesia y la Corona.

Esta acumulación de capital permitió la creación y el desarrollo de los primeros bancos por distintas ciudades de Europa. El banquero-comerciante comenzó a promover empresas de exportación propias (de textiles o de manufacturas diversas), organizadas mediante el sistema de la industria domiciliaria, por la cual un empresario facilitaba las materias primas y las herramientas a una serie de personas en su domicilio para que realizaran unos determinados productos a cambio de unas monedas prefijadas por pieza. No obstante, el empresario se reservaba el derecho de vender libremente esos productos una vez acabados. El capitalista, que suele ser a la vez comerciante, banquero e industrial, comienza a obtener monopolios e influencia política debido a su dominio sobre un sector de la economía, ya sea la minería, el comercio de exportación, el crédito, etc. Esto le llevó a enfrentamientos con el Estado, rival incómodo para estos capitalistas porque reclamaba esos monopolios económicos por derecho de soberanía.

El aumento de la demanda de los productos alimenticios en las ciudades, que comienzan a ser receptoras de población, dio lugar a una serie de transformaciones en la agricultura: comenzó a pasarse a una producción especializada en cada zona (atendiendo a las características del suelo y del clima), empezaron a decaer las relaciones feudales (el campesino cambió las prestaciones por unas rentas censatarias), se desarrollaron nuevas formas de explotar la tierra (como la enfiteusis y el trabajo libre asalariado) y, por último, se generalizó el arrendamiento de la propiedad rural al villicus.

En este contexto, se produjeron crisis sociales debido a las continuas agitaciones de los artesanos, que luchaban contra la nobleza por el control de las ciudades. Se vivieron etapas de escasez y necesidad por la dependencia tan directa de la circulación de las monedas. En ocasiones, como consecuencia de la superproducción de plata, se llevaron a cabo devaluaciones de esas monedas y subidas de precios de los alimentos. Epidemias y pestes agravaron estas situaciones y desencadenaron fuertes crisis sociales.

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